La casa frente al mar.


Hace algunos años mi amigo Regis, me propuso acompañarlo en un proyecto de retrato-documental del pintor norteamericano Edward Hopper. Los cuadros y la figura de Hopper fueron bastante divulgados en la prensa europea en aquella época, y yo tuve la sensación de tener ante mi, al “pintor fetiche del alma americana”, por lo que acepté con gran placer. Regis partió con Nathalie, su novia a los Estados Unidos a filmar las escenas que deberían trazar la pintura de Hopper a través de la geografía de la Nueva Inglaterra.

A su regreso de Cap Code, nos pusimos a trabajar esporádicamente en nuestro tiempo libre en la edición del film. Desde esta época (probablemente 15 años) el universo de Hopper esta allí en mi imaginación. Su manera de pintar la luz y los colores, creando una atmósfera propicia a mis sueños. “El interés de Hopper por la luz mística de la aurora y el crepúsculo” como diría el escritor John Updike.

Hace unos días encontré el anuncio de venta de una casa, situada en Caulín Alto, provincia de Chiloé, en Patagonia chilena. Es una casa simple, con dos pisos en madera de alerce, con forma de L en medio de un gran terreno de 25.000 metros cuadrados en lo alto de una colina mirando al mar. Cien metros bajando la colina un gran bosque y después el Océano Pacifico con su rugiente espuma azotando la costa. La casa está pintada de ocre y sobresalen de su tejado dos chimeneas humeantes. Se yergue sola ante la inmensidad, como salida de  los pinceles de Edward Hopper.

Corn Hill. Truro, Cap Cod. Edward Hopper, 1930.

Corn Hill. Truro, Cap Cod. Edward Hopper, 1930.

El clima  frío y lluvioso de la patagonia dificultan el solo imaginar pensar en vivir todo el año allí, y los meses de diciembre a febrero son cortos para rentabilizar una inversión en esta zona del mundo. Mis medios tampoco me lo permitirían.

Nunca se ha borrado de mi mente el sueño de pasar temporadas en aquellas tierras que pisé cuando niño. En mi juventud pensé que el carácter del hombre estaba dado por el relieve, el clima y los colores de su tierra natal. Que el piqueteo de una lluvia incesante daba seres tristes y melancólicos, que la influencia del mar y el viento daba gente testaruda y cerrada en si misma y que la vegetación densa y tropical daba gente dulce y amistosa. Afortunadamente las cosas no son tan simples como yo pensaba en aquella época.

No se como sera el carácter de la gente que vive en los cuadros de Hopper ni si están modelados por el paisaje o por el clima. Pero me temo que muchos de sus personajes sean el reflejo no de su propio entorno fisico, montañas, bosques o praderas, sino de la melancolía y la soledad del hombre moderno en toda su ambigüedad. Esta es la obra de un pintor no convencional que nos hace reaccionar descubriendo en cada uno de sus cuadros algo de nosotros mismos.

Nighthawks. Edward Hopper.

Nighthawks. Edward Hopper.

Al cabo de unos tres meses, el film que habiamos comenzado había avanzado bastante pero Regis nunca logró obtener los derechos de reproducción de las obras de Edward Hopper, por razones de orden financiero, y el proyecto quedo inmovilizado. Yo sigo soñando con casas en lo alto de una colina mirando al mar.

Los hijos.


El domingo hubo un sol radiante aunque la temperatura ha refrescado desde hace unas semanas. Prácticamente no están quedando hojas en los arboles y por el suelo se ven tapices de hojas secas. Almorzamos con mi suegra y mis cuñados, conversamos y  escuchamos discos. El mas recientemente comprado era el de Emiliana Torrini una voz islandesa, como su compatriota Björk, cálida e intima quien ha ganado varios premios en su pais.

La tarde paso rápido y las visitas se fueron no sin al final degustar mi licor de limón comprado en Capri, hace unas semanas. Una siesta se imponía pero mi hija me recordó nuestro plan acordado la semana anterior. Este consiste en un paseo por el bosque al caer el día cada domingo. Ella aun no cumple sus ocho años y se ha convertido en admiradora de Abba después de haber visto el film “Mamma Mia”.

El plan incluye un paseo en que cada uno escucha su propia música mientras caminamos por el bosque a la orilla del río en las cercanías de nuestro departamento. A esa hora las luces de las casas que se ven en la lejanía están ya encendiéndose y una vez que comienza a oscurecer nos guiamos bordeando el camino a orillas del río.

En esos momentos casi no hablamos, a no sea que yo le comente algunos efectos que crean la cálida luz bajo los puentes o entre el follaje de los arboles.Solo nos miramos a veces y sonreímos con complicidad. El momento es poético y creo que ella debe sentir esta belleza poco habitual de la penumbra. Es raro cruzar alguna persona a esa hora y sin embargo nos sentimos en seguridad. Es un verdadero privilegio.

No creo que los miedos de mi hija se parezcan a los míos. Tampoco creí en mi época de niño que viera el mundo como mis padres podían hacerlo, ellos con su propia historia tan lejana para mi. La distancia entre nuestras propias historias mantenía ese misterio de la infancia hacia el mundo de los padres que casi no existe hoy.

Nunca trate de “tu” a mis padres. En aquel tiempo vivían en un pedestal que era el suyo como mis abuelos y mis tíos, y poseían a alturas diferentes todos, su propio pedestal. El de mi madre era algo mas: era como un altar. Un día cuando tuve 19 años me atreví a romper el pedestal de mi padre y éste cayo. Ese instante sentí mas miedo que cuando deje de creer en dios. Quizás ese día me hice hombre.

imagen de Flickr

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Como decía, en aquel tiempo niños y adultos mantenían entre ellos una buena distancia. Hoy esa distancia ha casi desaparecido porque los niños saben demasiado. Nos sentimos inclinados a darles un montón de explicaciones y llega el momento en que se creen listos. Comienzan a criticarnos, no para hacerse hombres o crecer, sino por un juego de poder que esta sociedad les ha obligado a saborear.

Nunca supe cuanto ganaban mis padres ni como me hacían para vivir, en todo caso a mis ocho años, ni sabia si hacían el amor ni si les gustaba. Ni porque iban al medico ni que les decía. Simplemente me decían ” no tienes porque saberlo” y yo me conformaba. Siempre había algo importante de lo que yo no me enteraba.

No creo que todo deba saberse sin que uno se lo pregunte. Las preguntas deberán tropezar, caer y levantarse  en el largo y doloroso camino hacia la verdad. Pero aun cuando llegue el día que creamos saber, nos sentiremos aun mas solos, y mirando a lo alto estarán  los pedestales vacíos.