Aquel mes de febrero glacial en Europa.


Nunca hubo un mes de febrero tan frío en Ginebra. En 1956 el termómetro bajo hasta 21 grados bajo cero pero no hubo viento.

Este año la cosa fue muy distinta. Un viento gélido llamado “bise” barrio la superficie del Cantón, aumentando la sensación de frío a 26 grados bajo cero.
El viento sorprendió a los meteorólogos por su regularidad. Hubieron así promedios de 40 km/h.

Desde los primeros anuncios de frío y de “bise”, la gente se precipitó con sus cámaras fotográficas al borde de lago Leman. Allí donde revientan las olas y salpica los muelles el agua a punto de convertirse en hielo.
El mal tiempo convirtió el tradicional paseo de turistas frente a los hoteles de lujo de la Rada, en una plataforma de patinaje. Una verdadera fiesta popular.


Recuerdo haber visto un hombre empujar a su hijo mal abrigado para que avanzara por el hielo, a pesar que el niño sintiendo el frío y el peligro de caída, lloraba. El miedo se notaba en su cara enrojecida por el viento.
Las ráfagas que no te dejaban en pie si no te aferrabas a algo. No sirvieron para ahuyentar al publico, el espectáculo era algo nunca visto.
Con el tiempo, (dos semanas se mantuvo la situación sin jamás una subida de temperatura por sobre los 0 grados), cientos de fotos fueron publicadas en la red. Estas son algunas de las que logre tomar.

Versoix

Versoix

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Entre mis quehaceres, trabajo y vida familiar logre sacar algunas fotos para nada originales.

La dificultad estriba en el no poder casi acceder a los botones de ajuste de tu cámara. Los guantes te lo impiden, y si te sacas los guantes el dolor en la punta de los dedos también te lo impiden.
La solución es usar los ajustes automáticos. Con temperaturas tan bajas algunas cámaras dejan de funcionar ya que las baterías se descargan muy rápido. Así que mas vale llevar dos.
Los riesgos de caída son grandes y yo no me libre de unos cuantos en los cuales, habiéndome acercado bastante al borde del agua en una playa, una ola pequeña me sorprendió llegandome el agua hasta los tobillos y con la sorpresa, la cámara termino con un buen baño de agua y arena.
En esos casos no te queda mas que volver al auto y secarla con un paño esperando que vuelva a funcionar.

La mayoría de nosotros no arriesgamos de vivir este tipo de situaciones de gran frío. Pero en vacaciones a la playa ó a la montaña, nadie olvida su cámara si la tiene, en su casa. Entonces precavidos que somos pongamos en alguna parte de nuestro bolso un paño de algodón muy limpio y un pincel para sacar la arena que pudiera quedar una vez que la cámara esté ya seca. Es lo mínimo.

Por otra parte quienes lo pasaron muy mal en esos días fueron los pájaros. Todo se congelaba y les fue muy difícil encontrar alimentos. Me toco presenciar la estabilidad del vuelo de las gaviotas quienes pueden permanecer volando contra un viento terrible, encima de una ola, para enseguida picar hasta encontrar las algas que la resaca levanta hacia la superficie.
Las autoridades tenían miedo que el lago y el río Ródano se congelaran y dejaran a miles de aves encerradas en bloques de hielo, sin alimentarse. Nada de eso pasó.

Versoix

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 40 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 30 años en Europa.

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