Los libros y las playas.


Debí haberlo pensado antes. En la televisión anunciaban para hoy altas temperaturas. Incluso se decía que en Andalucía, al otro lado del mar habrían 40 grados.
Aquí en las Baleares hay 30 grados pero ya es bastante. Si al menos hubiese traído un abanico para refrescarme, pero no.
Probablemente que para muchos, sol y calor es sinónimo de vacaciones balnearias, sin embargo yo tengo terror al exceso de luz solar y al calor excesivo.

Palma de Mallorca tan concurrida como siempre lo ha sido. Y si yo fuera el único turista y la tuviera toda para mi?.

Me saltaría todos esos ingleses, alemanes y demases a quienes no entiendo lo que hablan.
Si fuera yo, el único pájaro raro, no autóctono, todo iría de maravilla.
Esto se ha puesto no solo democrático sino francamente populoso.

Pero volvamos a Puerto Soller, el que dejé esta mañana durmiendo aún bajo la fuerte luz que bañaba la playa de En Repic.
Nuestro departamento goza de una hermosa visión panorámica de la pequeña bahía y del puerto. Detrás nuestro están las montañas de la Sierra Tramuntana, que rodean como un circo la encinta del puerto. Al frente el faro y una estrecha salida al mar.

Por el día, nuestra pequeña playa de arena blanca se llena de familias. De la orilla del mar nos separa una franja peatonal de unos 25 metros bordeada de palmeras y de pequeños almacenes y restaurantes. Abajo, (estamos en el tercer piso) una pareja de alemanes mantienen un extraño snack, donde se mezclan los platos rápidos, con la venta de casacas de cuero usadas al estilo Harley Davidson, y una selección de viejas revistas alemanas de los años 60. Todo esto combinado con el sonido bastante fuerte de un puesto de televisión que transmite viejas películas en alemán.

Cincuenta metros mas a la derecha un local de renta de coches atendido por un triste señor que pareciera estar esperando que entre el ultimo cliente a quien mostrar su apesadumbrada mascara.
Los niños corretean por entre las palmeras comiendo helados mientras otros tantos cuerpos yacen horizontalmente sobre una parrillada de arena blanca.

Enntonces, y para arrancar de aquel paraíso balneario, me fui por la mañana a Palma de Mallorca, la Meca de los lectores que huyen de los bestsellers de Ildefonso Falcones y otras catedrales del mar, como de los pilares de Ken Follet, los mismos que reinan en todas las playas de la isla.

Una meca sin mayúsculas dado que las pocas librerías que habían, han ido siendo substituidas por El Corte Inglés.

Libros, cosméticos, pañuelos de seda y sacos de mano, libran igual combate ante un consumidor desafiado y casi ahogado por la crisis.
Como si fuera poco es difícil hasta  encontrar un periódico, ya que por razones que desconozco el Ayuntamiento de la ciudad clausuró los kioscos.

Afortunadamente me hice de algunos ejemplares de Vladimir Nabokov, Saúl Below, Claudio Magris y Philip Roth y regresé a mi playa.

No se todo se ha perdido

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 45 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 35 años en Suiza.

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