Las luces en la ciudad.


La navidad se avecina. Esto siempre me ha provocado pavor y excitación. Allí vamos corriendo de un lado a otro para ir tachando en nuestra lista de compras a hacer.

Este año la lista ha disminuido para que vayamos consumiendo menos y reflexionando mas. Pensando en quienes no esta permitido comprar por razones económicas. Cada vez menos el hecho de comprar algo constituye un placer. Y es mas. Diría que al comprar en estos tiempos, ( exceptuando en la satisfacción de nuestras necesidades básicas) realizamos un acto perverso.

Vivimos en una sociedad que nos satisface cada día menos. La industria produce cada vez mas productos, consume cada vez mas materias primas, mas recursos. El marketing se hace cada vez mas agresivo, incorporando incluso técnicas de manipulación avanzadas.

El hombre y la mujer, la familia,  ya no son el centro de gravedad del funcionamiento de la economía. El valor del trabajo se ha visto menoscabado. No sabemos en que se convierte lo que fabricamos, no  vemos mas que un minúsculo trozo y no sabemos a que va a servir.Dicen que esto se llama globalización.

Hay al menos un aspecto en estas navidades, que en algunos lugares como en la ciudad de Ginebra no se  ha desviado de una cierta tradición. La de mostrarnos esta dura vida bajo una luz diferente, la de la fiesta en la cual los hombres tratan de acercarse unos a otros a pesar de las guerras, la pobreza y las privaciones. En mi ciudad, Ginebra, si miramos hacia arriba al atardecer veremos que todo se ha engalanado. Claro, Ginebra es una ciudad rica. Y este hermoso espectáculo es el que les invito a presenciar desde lejos, siguiendo el enlace de esta foto.

Centro de Ginebra en visperas de Navidad.

Centro de Ginebra ( Switzerland) en vísperas de Navidad.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 40 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 30 años en Europa.

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