Los hijos.


El domingo hubo un sol radiante aunque la temperatura ha refrescado desde hace unas semanas. Prácticamente no están quedando hojas en los arboles y por el suelo se ven tapices de hojas secas. Almorzamos con mi suegra y mis cuñados, conversamos y  escuchamos discos. El mas recientemente comprado era el de Emiliana Torrini una voz islandesa, como su compatriota Björk, cálida e intima quien ha ganado varios premios en su pais.

La tarde paso rápido y las visitas se fueron no sin al final degustar mi licor de limón comprado en Capri, hace unas semanas. Una siesta se imponía pero mi hija me recordó nuestro plan acordado la semana anterior. Este consiste en un paseo por el bosque al caer el día cada domingo. Ella aun no cumple sus ocho años y se ha convertido en admiradora de Abba después de haber visto el film “Mamma Mia”.

El plan incluye un paseo en que cada uno escucha su propia música mientras caminamos por el bosque a la orilla del río en las cercanías de nuestro departamento. A esa hora las luces de las casas que se ven en la lejanía están ya encendiéndose y una vez que comienza a oscurecer nos guiamos bordeando el camino a orillas del río.

En esos momentos casi no hablamos, a no sea que yo le comente algunos efectos que crean la cálida luz bajo los puentes o entre el follaje de los arboles.Solo nos miramos a veces y sonreímos con complicidad. El momento es poético y creo que ella debe sentir esta belleza poco habitual de la penumbra. Es raro cruzar alguna persona a esa hora y sin embargo nos sentimos en seguridad. Es un verdadero privilegio.

No creo que los miedos de mi hija se parezcan a los míos. Tampoco creí en mi época de niño que viera el mundo como mis padres podían hacerlo, ellos con su propia historia tan lejana para mi. La distancia entre nuestras propias historias mantenía ese misterio de la infancia hacia el mundo de los padres que casi no existe hoy.

Nunca trate de “tu” a mis padres. En aquel tiempo vivían en un pedestal que era el suyo como mis abuelos y mis tíos, y poseían a alturas diferentes todos, su propio pedestal. El de mi madre era algo mas: era como un altar. Un día cuando tuve 19 años me atreví a romper el pedestal de mi padre y éste cayo. Ese instante sentí mas miedo que cuando deje de creer en dios. Quizás ese día me hice hombre.

imagen de Flickr

imagen de Flickr

Como decía, en aquel tiempo niños y adultos mantenían entre ellos una buena distancia. Hoy esa distancia ha casi desaparecido porque los niños saben demasiado. Nos sentimos inclinados a darles un montón de explicaciones y llega el momento en que se creen listos. Comienzan a criticarnos, no para hacerse hombres o crecer, sino por un juego de poder que esta sociedad les ha obligado a saborear.

Nunca supe cuanto ganaban mis padres ni como me hacían para vivir, en todo caso a mis ocho años, ni sabia si hacían el amor ni si les gustaba. Ni porque iban al medico ni que les decía. Simplemente me decían ” no tienes porque saberlo” y yo me conformaba. Siempre había algo importante de lo que yo no me enteraba.

No creo que todo deba saberse sin que uno se lo pregunte. Las preguntas deberán tropezar, caer y levantarse  en el largo y doloroso camino hacia la verdad. Pero aun cuando llegue el día que creamos saber, nos sentiremos aun mas solos, y mirando a lo alto estarán  los pedestales vacíos.

This entry was posted in sociedad and tagged , by Hugo Orell. Bookmark the permalink.

About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 40 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 30 años en Europa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s