Contactos insatisfactorios.


Hay una frase que se adapta perfectamente a la situación que he vivido hace un momento. La frase que cito aquí la encontraran en una novela de Richard Ford que leo en este momento llamada “El periodista deportivo”, en la que escribe:

Como todos los signos, estos pueden ser buenos o malos y yo deduzco de ellos que la vida, cualquier vida, no esta tan desconectada de las cosas ni es tan fortuita como puede parecer, y que en el fondo todos buscamos un contacto satisfactorio cada vez que tenemos la oportunidad.

Mientras bajaba en el ascensor con mi hija para ir a su escuela nos topamos con el Sr. Müller, quien vive un piso mas abajo.

Hace cuatro años que no saludo al sr. Müller, quien viniendo un día a quejarse a mi departamento por un supuesto ruido, nos dijo a mi y a mi mujer que deberíamos mejor amaestrar a nuestra hija quien tenia apenas tres años a la sazón. Nunca mas le saludé. Mas tarde supe que el sr. Müller no oía bien y que habría sido enviado por su esposa.

Un día nos cruzamos en la Opera, y habiendo compartido el placer de la música o habiendo esta misma música, suavizado mi malestar por su inepcia al mal tratar a mi hija, estuve fugazmente inclinado a olvidar el incidente pasado. No lo hice. No creo que lo bello, ni el arte haga a la gente mas atinada. El sr. Müller no debe ser una mala persona. Es solo una persona de cierta edad a quien los niños molestan.

Tengo  la impresion que esto es algo corriente en sociedades donde personas de edad viven de manera bastante aisladas porque no se les considera productivas ni maleables.

El estado físico y mental de estas personas corresponde a una gran cantidad de ocupaciones productivas, a las que podrían aportar considerablemente, sin embargo se les mantiene en situaciones que muchas veces les empujan a separarse del cuerpo social para el cual tanto han contribuido.

Volviendo a las palabras de Richard Ford yo también busco la oportunidad para establecer un contacto satisfactorio, pero el sr. Müller no da signos o quizás sea él quien espere un signo mio.

Otra historia de desencuentros.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 45 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 35 años en Suiza.

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