Historischer Autofriedhof Gürbetal de Kaufdorf.


Un museo de coches viejos desaparecerá.

Apareció en un periódico. La noticia hablaba de un lugar perdido en la campiña de la región de Berna, en Suiza. El pueblo se llama Kaufdorf.

Hasta allí me llevó un tren regional. Un pueblo predominantemente agrícola, como tantos otros. Sin pena ni gloria. Al bajar del tren solo un gato merodeaba entre las maquinas agrícolas de la granja vecina a la estación. Un cierto parecido a aquel western en el que el forastero llegaba al pueblo miraba a izquierda y derecha para luego entrar en saloon del pueblo bajo la mirada inquisitoria de algunos parroquianos.

En Kaufdorf ni parroquianos ni saloon. Solo una parada de tren y un camino que atraviesa la línea férrea y se pierde detrás del bosque algo mas allá. Unos minutos mas tarde una señora bajando la colina avanza hacia mi llevando una enorme calabaza en los brazos. Le pregunto si habla francés y responde que algunas palabras. Entonces me indica que debo atravesar la linea y que veré a otras personas que vienen a ver los coches que duermen allí desde hace 40 años en medio del bosque.

Ahora Kaufdorf aparece en los periódicos y la gente afluye incluso desde el extranjero, sin embargo hace 40 años que están allí. Entonces le explico que van a clausurar el lugar y llevarse los coches ” a la casse ” y demolerlos. La señora se encoge de hombros como diciendo que eso no le va a cambiar la vida y continua su camino.

Llego entonces a la entrada improvisada del “Historischer Autofriedhof Gübetal“. Pago los 13 francos de entrada y penetro en lo que será  la catedral de los aficionados de viejos coches( por la veneración que reina).

Yo no me intereso en coches, ni comprendo la atracción que pueden sentir tantos miles de hombres por lo que entre otras cosas esta costando tan caro al medio ambiente. Pero eso es otra historia. Yo no he venido a admirar marcas. He venido a fotografiar el paso del tiempo como un explorador entra en Pompeya y descubre lo que queda después de aquel 24 de agosto del añ0 79 d. de Cristo.

La primera impresión es de vehículos amontonados al no comprender el valor sentimental de cada marca. Poco a poco voy descubriendo que las hojas, las ramas, las telas de arañas y el óxido no han hecho desaparecer las voces de la gente que algún día paso tantas horas sentados en lo que entonces fueron confortables asientos, rutilantes piezas metálicas, que daban un prestigio a quienes las paseaban por la ciudad y las carreteras.

Tengo la sensación de estar en medio de un film policial de aquellos muy negros, poblados por fantasmas donde las telarañas y el musgo predominan, y les puedo jurar que salen de estos coches sonidos como el casco de un caballo que es profundamente mas poético ( al menos para mi ) que el rugir de un motor, pero el desfase entre lo visto y lo oído es como para que tus palpitaciones se detengan un instante.

Es ahora difícil describir la emoción que me guío toda aquella tarde maravillosa. Trato a mi manera de captarlo en imágenes de las cuales les presento 75 piezas aquí en el álbum ” Historischer Autofriedhof“.

Para los enamorados de los coches solo les dire que entre tantos otros encontrarán lo siguiente:

VW Coccinelle, Porsche 356, Chevrolet Bel Air, Morris Oxford, Fiat Topolino, Bmw 501, Simca Aronde, Mercedes 180 Ponton, Studebaker Champion 6, Borgward Isabella, Dkw 3=6 F93, Citroën Ds 19, Lloyd LP600, Hilmann Minx, Fiat 600, Wolseley 6/99, Glas Goggomobil T250, Riley RMA, Vauxhall Velox EIP, Golliath GP700, Panhard PL17, Mercedes 190 SL, Plymouth Valiant, Tempo Matador, Triumph spitfire, Citroën Traction, Opel GT 1900, Chevrolet Corvair…

Lo malo es que esta huella del tiempo que pasa sobre los objetos de nuestras vidas solo se podrá admirar hasta el 12 de Octubre del 2008. Si se precipitan quedan aun dos semanas. Deberán llegar a la ciudad de Berna y tomar el tren regional S3/S33 en la dirección de Thun y  bajarse en Kaufdorf, la estación. A solo 200 metros de la estación hacia la izquierda, un letrero indica hacia la derecha “autofriedhof”.  Abierto solo de miércoles a domingo y de 11-19 horas. Entrada 13 frs. suizos.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 45 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 35 años en Suiza.

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