Leyendo “Dinero”. de Martin Amis


He leído 170 páginas de las 400 de la edición de bolsillo de Anagrama de “Dinero” de Martin Amis.
Vengo saliendo de una novela magistral de Saul Bellow “Las aventuras de Augie March”. Dos novelas y dos autores muy diferentes.
Es tanta la profusión de situaciones en la novela de Saul Bellow y tan coherentemente enlazadas ( lo mismo sucede con sus personajes), que pareciera que a “Dinero” le falta un asidero. Reconozco el humor genial de Martin Amis su facilidad para el soliloquio que por lo demás es brillante.
John Self el personaje, es un tipo bebedor que recibe dinero sin cesar. Se extraña de no hacer nada, y de ver como siempre lo está recibiendo. Es productor de películas porno, y buen consumidor también: porno, fastfood, tabaco y juerga.Es el personaje que no sabe adonde va y que gira como un remolino por la vida.
Añora cuando podrá ver a Selina su amante aunque sabe que ella solo vendrá cuando se disponga él a compartir su cuenta bancaria con ella.

Todo listo. Vuelvo a estar en mi apartamento. He cambiado las sábanas, metido los calcetines en un baño de Coral, amontonado las tazas.
Hasta yo mismo me he lavado y frotado. Pronto sonará el timbre y aparecerá Selina con sus ojos persas, su maletin de viaje, su calida garganta, su omnisciente ropa interior, sus cicatrizadas muñecas, sus aromas de boudoir y, probablemente, los aromas de otros hombres. Sin embargo, desde los auspicios de la pornografía todo eso esta bien, es correcto. Servirá. Tendría que esperar a conocerles un poco mejor a todos ustedes antes de revelar qué es lo que hago con Selina en la cama. Pero probablemente lo voy a contar. A quién le importa?. A mí no, desde luego. Es infiel?. Se acuesta con otros hombres por dinero?. No, mi Selina no. Simplemente, cuando me voy de aquí hace peliculas porno para que luego se proyecten en mi vieja cabezota. Esta noche habrá de todo. Y, la verdad, ahora que la pornografía viene hacia aquí en taxi, no estoy apenas preocupado.

Son momentos estos de la euforia del comienzo del libro. Mas adelante la vieja cabezota de John Self se hará mas pesada y gruesos nubarrones desfilarán ante su vida.

La memoria es muy graciosa, ¿verdad? ¿No están de acuerdo? Yo tampoco. Jamás me ha divertido la memoria, y a medida que voy haciéndome mayor, menos graciosos me parecen sus chistes. Es posible que la memoria no cambie, pero conforme van pasando los días cada vez tiene menos que registrar. Me parece que mi memoria está en forma. Lo único que pasa es que mi vida me parece cada vez menos memorable. ¿Te acuerdas de dónde dejaste las llaves? ¿Y por qué tendría que acordarme? ¿Te acuerdas de aquel día en la bañera? ¿Te lavaste también los dedos de los pies? (Qué aburrido es echar una meada, sobre todo después de las mil primeras veces. Fíu, que rollo, ¿no?) Ya no consigo recordar ni la mitad de las cosas que hago. Pero tampoco hago gran cosa.

El personaje continua su regresión, descendiendo hacia el abismo y el abandono.

Todos vamos perdiendo: diciendo adiós con la mano, o dándonos un besito en la punta de los dedos, da igual, de la manera que sea, todos perdemos algo, nos despedimos de algo que se va encogiendo, alejando, desapareciendo. La vida se reduce a perder, perdemos a la madre, al padre, perdemos el pelo, la belleza, los dientes, los amigos, los amantes, la buena forma, la razón, la vida. No hacemos más que perder, perder, perder. Nos va quedando cada vez menos vida. Es demasiado dura, demasiado difícil. No valemos para vivir. No sé si resistiríamos otras cosas. Pero la vida no. A ver quién se lleva la vida de nuestros estantes. Que nos la quiten de encima. Es jodidamente difícil, y no valemos para vivirla.

La lectura se me hace difícil, difícil de simpatizar con este deshecho humano.Me cuesta soportar tanta bajada al infierno, pero confío en la magia del buen escritor que encontrará la salida para renacer de las propias cenizas, como el ave del Fénix. Por el momento estoy en la actitud compasiva lo que no es tan malo en sí.

El ave del Fenix en un manuscrito antiguo.

El ave del Fenix en un manuscrito antiguo.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 45 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 35 años en Suiza.

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