La metáfora del Sur.


Reivindicar la lentitud es probablemente un asunto de personas mayores. Esto no le quita por lo tanto su pertinencia. Siendo aplicable a todos los humanos me ha parecido interesante mostrárselo a quienes no han tenido la oportunidad de leer el artículo publicado hace dos semanas en el diario El País de España.

Son palabras suenan el pleno sentido en un mundo como el nuestro y deberíamos tenerlas a menudo en cuenta.

Los atardeceres en la playa de Punta

Candor, situada en un extremo

de la Bahía de Cádiz, son lentos y

no tienen prejuicios. Familias de aire tradicional

pasean entre mujeres y hombres

desnudos sin que nadie pierda el

tiempo en indignarse con la piel, el deseo

y las costumbres de los demás. Las dunas

asaltadas por los pinos son una lección

de bienestar y de paciencia. Perder

el tiempo está bien, pero conviene elegir

los motivos. No es lo mismo un ataque de

cólera que un cielo desteñido en rojo,

deshilvanado en matices, con la complicidad

de alguna nube lejana. La tarde cae

como una herencia, igual que un esplendor

fatigado, mientras el horizonte parece

dispuesto a demostrar la existencia de

Dios. El pasado domingo vi a mucha gente

cuidar en silencio el espectáculo natural

de la luz, el cielo y el mar. Cuando el

sol se hundió por fin en el agua, los bañistas

rezagados y los paseantes empezaron

a aplaudir.

Merece la pena tomar en serio ese

aplauso. Como carezco de extremidades

religiosas, la plenitud no supone para mí

un testimonio de la divinidad. Pero los

atardeceres de Punta Candor me han

ayudado a recordar que el sol no es una

institución con ánimo de lucro y que el

derecho a la belleza debería ser el resumen

último de los demás derechos humanos.

No conviene confundir a Andalucía

con el Sur. Andalucía es una realidad geográfica

y política, y el Sur es una metáfora.

Cuando Luis Cernuda se atrevió a elegir

las características de un territorio

ideal, escribió una evocación romántica

de Andalucía. Pero tuvo el cuidado de

advertir que su Andalucía no estaba en

ningún sitio concreto, porque sólo existía

en las ilusiones y los sueños de algunos

de sus amigos poetas. Andalucía era

una metáfora que Cernuda identificaba,

por agradecimiento personal, y porque

siempre conviene darle a las metáforas

una indicación geográfica, con las playas

de la costa malagueña.

Vivir con prisa es una peligrosa costumbre,

porque nos hace dogmáticos al

mismo tiempo que nos impide ser dueños

de nuestras opiniones. El dogmatismo

es la prisa de las ideas, el acomodo a

discursos establecidos por encima de

nuestra conciencia, el sacrificio de la responsabilidad

propia en el altar de una

verdad nacionalista, religiosa, partidista

o mediática. Quien vive con prisa dice lo

primero que se le ocurre, lo que corre al

lado de él. Así que anda de cabeza y piensa

con los pies. Si tuviéramos tiempo de

pensar dos veces lo que decimos y, sobre

todo, lo que nos dicen, otro gallo cantaría

en el mundo. Sin caer en la caricatura de

la pereza, por supuesto, conviene reivindicar

la lentitud del Sur como un ámbito

de responsabilidad propia, el único ámbito

que permite los paseos largos y las

buenas decisiones. En el Sur no deben

tener prisa ni los pensamientos, ni los

coches, ni los desnudos. La sensualidad y

la belleza requieren su tiempo.

La falta de prisas resulta imprescindible

también para el cuidado de los otros.

Cuidar, cuidarse, recibir cuidados, elegir

con cuidado, son actos de una vida incompatible

con la velocidad. La prisa no hace

bien sus tareas, sale del paso por culpa de

los acelerones de la ética productiva y del

individualismo exacerbado. Quien no

quiere deberle nada a los demás, como si

los demás fuesen entidades financieras,

no puede ser una buena persona. Hay

que cuidarse de él. Es verdad que en Andalucía

el cuidado del otro nos lleva a las

barras de los bares, a los corros en la

puerta de la calle, a lo que podemos escuchar

en la mesa de al lado, a lo que se ve

detrás de los pinos y las dunas. Pero del

mismo modo que entre las prisas y la

vagancia queda un punto intermedio llamado

lentitud, entre la curiosidad desmedida

y la soledad calvinista hay un valor

importante para el Sur: el cuidado de los

otros. Evitar la chismosería no debe confundirse

con el aislamiento. Pedir tiempo

para pensar en uno mismo, significa

aprender a cuidar a los demás.

El buen humor es otro requisito imprescindible

del Sur que puede encontrarse

también en Andalucía. En este caso,

la caricatura ha desquiciado el humor,

presentándolo como gracia, salero

o alegría costumbrista. Pero la irritación

que provocan los chistosos profesionales

no debe hacernos comulgar con obsesiones

corrosivas, que no permiten ni una

sonrisa. Hay territorios que, por su historia,

facilitan la conversión de los conflictos

en obsesiones, hasta el punto de que

hacen perder la cabeza a los que llevan

razón en las discusiones. No quisieron

caer en lamentira, pero son injustos desde

su verdad. En vez de cambiar de aires,

los obsesionados cambian de condición,

y siempre para peor. El quiebro a tiempo,

como una salida ingeniosa o un golpe

elegante de humor, ayuda a huir de los

dogmas y de las identidades en favor de

un pensamiento mesurado. Entre la solemnidad

de los sermones y la gracia irritante,

cabe una negociación discreta con

la alegría.

La metáfora del Sur no es útil sólo en

las habitaciones oscuras del invierno,

conviene reivindicar la lentitud del Sur

como un ámbito de responsabilidad propia.

Al narcisismo del conflicto se le puede

oponer la sabiduría de vivir la vida.

Lasmetáforas ayudan a buscar un futuro

más habitable, son una obra pública.

Cuando Luis Cernuda llegó por primera

vez a México, después de muchos años

de exilio en potentes ciudades anglosajonas,

escribió el libro Variaciones sobre

tema mexicano, para dar testimonio de

una experiencia en la que se mezclaban

las sorpresas y el recuerdo. Le dedicó un

poema al español, porque para un escritor

es importante oír su idioma en la

calle. Dedicó otro poema a la pobreza,

vivida de niño en Andalucía y reencontrada

en México. Se preguntó el poeta si

alguna vez sería posible escapar de la

miseria sin caer en la prepotencia del

lujo. Quizá la respuesta dependa de las

metáforas que busquemos. Conviene, en

cualquier caso, saber aplaudir una puesta

de sol.

Luis García Montero es escritor.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 40 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 30 años en Europa.

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