Putas asesinas. R. Bolaños


Fragmento de la novela “Putas asesinas” de Roberto Bolaño. Editorial Anagrama.

Aquella noche conversamos casi hasta que amaneció. El Ojo vivía en Berlín desde
hacía algunos años y sabía encontrar los bares que permanecían abiertos toda la noche. Le
pregunté por su vida. A grandes rasgos me hizo un dibujo de los avatares del fotógrafo free
lancer. Había tenido casa en París, en Milán y ahora en Berlín, viviendas modestas en donde
guardaba los libros y de las que se ausentaba durante largas temporadas. Sólo cuando
entramos en el primer bar pude apreciar cuánto había cambiado. Estaba mucho más flaco, el
pelo entrecano y la cara surcada de arrugas. Noté asimismo que bebía mucho más que en
México. Quiso saber cosas de mí. Por supuesto, nuestro encuentro no había sido casual. Mi
nombre había aparecido en la prensa y el Ojo lo leyó o alguien le dijo que un compatriota
suyo daba una lectura o una conferencia a la que no pudo ir, pero llamó por teléfono a la
organización y consiguió las señas de mi hotel. Cuando lo encontré en la plaza sólo estaba
haciendo tiempo, dijo, y reflexionando a la espera de mi llegada.
Me reí. Reencontrarlo, pensé, había sido un acontecimiento feliz. El Ojo seguía siendo
una persona rara y sin embargo asequible, alguien que no imponía su presencia, alguien al que
le podías decir adiós en cualquier momento de la noche y él sólo te diría adiós, sin un
reproche, sin un insulto, una especie de chileno ideal, estoico y amable, un ejemplar que
nunca había abundado mucho en Chile pero que sólo allí se podía encontrar.
Releo estas palabras y sé que peco de inexactitud. El Ojo jamás se hubiera permitido
estas generalizaciones. En cualquier caso, mientras estuvimos en los bares, sentados delante
de un whisky y de una cerveza sin alcohol, nuestro diálogo se desarrolló básicamente en el
terreno de las evocaciones, es decir fue un diálogo informativo y melancólico. El diálogo, en
realidad el monólogo, que de verdad me interesa es el que se produjo mientras volvíamos a mi
hotel, a eso de las dos de la mañana.
La casualidad quiso que se pusiera a hablar (o que se lanzara a hablar) mientras
atravesábamos la misma plaza en donde unas horas antes nos habíamos encontrado. Recuerdo
que hacía frío y que de repente oí que el Ojo me decía que le gustaría contarme algo que
nunca le había contado a nadie. Lo miré. El Ojo tenía la vista puesta en el sendero de baldosas
que serpenteaba por la plaza. Le pregunté de qué se trataba. De un viaje, contestó en el acto.
¿Y qué pasó en ese viaje?, le pregunté. Entonces el Ojo se detuvo y durante unos instantes
pareció existir sólo para contemplar las copas de los altos árboles alemanes y los fragmentos
de cielo y nubes que bullían silenciosamente por encima de éstos.
Algo terrible, dijo el Ojo. ¿Tú te acuerdas de una conversación que tuvimos en La
Habana antes de que me marchara de México? Sí, dije. ¿Te dije que era gay?, dijo el Ojo. Me
dijiste que eras homosexual, dije yo. Sentémonos, dijo el Ojo.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 45 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 35 años en Suiza.

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