El viaje de ida a Brasil


He llegado por fin a la ciudad de Cuiaba en el corazón del Mato Grosso.El viaje ha sido largo cansador y no sin peripecias.La primera es que casi perdí el avión en París. Escuché mi nombre por los altavoces y me di cuenta que el avión estaba listo a despegar y yo era el que entraba 5 minutos antes de la hora del despegue. Esto provocó el bloqueo de mi maleta y en Rio de Janeiro no tuve mas qu mis lagrimas para llorar. Es solo una expresión.Un hombre que es capaz de viajar solo no puede llorar.Sin maleta y con una larga espera para el vuelo a Brasilia. En ese aeropuerto se produjo la imagen del día.Un hombre de unos 60 años a cargo de un ascensor para subir y bajar solo tres pisos.Encerrado en una jaula de metal donde habían por lo menos 30 grados con humedad bien tropical. Y todo por solo tres pisos.Claro así las cifras de la cesantia bajan.También en el aeropuerto de Brasilia que encontré mas monono que el de Rio, habían 14 mujeres sirviendo café y solo 5 clientes.Las pobres se tropezaban detrás del mostrador.

La llegada a Cuiaba, es decir mi cuarto avión en 24 horas me dejo con poco resuello ya que el calor y la humedad es como si te cortaran la respiración.Pero ya me ido acostumbrando.El aire acondicionado funciona a fondo en mi pieza y no se si dormiré con tanto ruido.Mañana lunes debería recibir mi equipaje por lo que seguramente tendré que volver atrás a Cuiaba ya que me encontraré en pleno Pantanal en la Hacienda Pluval a 140 kilómetros de Cuiaba.

Mañana tendran mas impresiones. En estos momentos es madrugada en Suiza y me leeran al mismo tiempo que salgan los diarios a la venta. Buenas noches tropicales.

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About Hugo Orell

Soy americano del sur. Formo parte de una cultura que se asienta en Europa, aunque se desliza hacia los Estados Unidos estos últimos 45 años. En mi país la influencia del modo de vida de la primera mitad del siglo pasado, es europea. Mis antepasados traen a Chile desde España arte culinario, tertulias, arquitectura y moda. Francia es un país soñado por toda la aristocracia chilena de la época. Los chilenos crean la leyenda de “Chile: Suiza de américa del sur“. Una literatura germánica me hace soñar con un territorio ideal que estaría situado en la zona de la Baviera del sur alemán, con ciudades medievales, donde sabios artesanos contribuyen a crear la riqueza del modo de vida de las clases burguesas europeas. Ciudades como Brujas, Salzburgo, Estrasburgo, Amsterdam, me hacen soñar con sus astrónomos, pintores, conventos y catedrales. Quizás la influencia de mis lecturas de adolescencia, donde Herman Hesse juega el primer papel. El destino hace que sintiéndome profundamente chileno, y habiendo participado activamente en la aventura liberadora del proceso popular chileno, en la época de Salvador Allende y de la Unidad Popular, me encuentro viviendo desde hace mas de 35 años en Suiza.

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