La navidad se avecina. Esto siempre me ha provocado pavor y excitación. Allí vamos corriendo de un lado a otro para ir tachando en nuestra lista de compras a hacer.
Este año la lista ha disminuido para que vayamos consumiendo menos y reflexionando mas. Pensando en quienes no esta permitido comprar por razones económicas. Cada vez menos el hecho de comprar algo constituye un placer. Y es mas. Diría que al comprar en estos tiempos, ( exceptuando en la satisfacción de nuestras necesidades básicas) realizamos un acto perverso.
Vivimos en una sociedad que nos satisface cada día menos. La industria produce cada vez mas productos, consume cada vez mas materias primas, mas recursos. El marketing se hace cada vez mas agresivo, incorporando incluso técnicas de manipulación avanzadas.
El hombre y la mujer, la familia, ya no son el centro de gravedad del funcionamiento de la economía. El valor del trabajo se ha visto menoscabado. No sabemos en que se convierte lo que fabricamos, no vemos mas que un minúsculo trozo y no sabemos a que va a servir.Dicen que esto se llama globalización.
Hay al menos un aspecto en estas navidades, que en algunos lugares como en la ciudad de Ginebra no se ha desviado de una cierta tradición. La de mostrarnos esta dura vida bajo una luz diferente, la de la fiesta en la cual los hombres tratan de acercarse unos a otros a pesar de las guerras, la pobreza y las privaciones. En mi ciudad, Ginebra, si miramos hacia arriba al atardecer veremos que todo se ha engalanado. Claro, Ginebra es una ciudad rica. Y este hermoso espectáculo es el que les invito a presenciar desde lejos, siguiendo el enlace de esta foto.



















