A pocas semanas de mi escapada a la Brenne en Francia, me torcí el tobillo con la consiguiente herida de un ligamento. Esto me ha tenido bloqueado por 10 días hasta hoy.
Sin embrago dos días atrás no pude esperar mas, y salí al atardecer a probar por primera vez mi tenida de camuflaje en condiciones reales.
Me fui a un puesto que ya conocía, muy cercano a la orilla del Rodano, donde se escucha al parecer a fines de Septiembre el bramar de los ciervos durante la época de celo.
No esperaba encontrar ciervos de grandes cuernos, pero si zorros y con mucha suerte, jabalíes.
Me instale bien sentado en una silla plegable, me cubrí con mi manto de camuflaje 3D. Espere inmóvil 45 minutos sin que anima apareciera con excepción de un ciclista que pasó por el bosque, y que por supuesto ni se percató de aquel especie de arbusto que yo representaba.
Decidí entonces volver a mi casa no sin antes detenerme un minuto a la salida del bosque, a mirar un campo de trigo recién trillado, y ver gracias a mi binóculo un zorro que merodeaba a unos 150 metros de allí.
Si me acercaba a campo abierto se daría cuenta de mi presencia así que decidí volver al día siguiente a la misma hora y posiblemente esperar que viniera nuevamente.
Como previsto al día siguiente estacioné mi moto delante del campo de trigo y me puse a caminar los 150 metros que me separaban del lugar donde había estado el zorro.
Avanzando lo mas sigilosamente posible, me demore unos veinte minutos en esconderme detrás de un arbusto, pero ni huellas de zorro. Esta vez nada de camuflaje, solo ropa de tonos verdes y un pasa montaña verde también.
El sol acababa de esconderse detrás de los cerros del Jura francés y yo seguía confiando que el señor zorro tenia allí su territorio.
Al perder ya casi la esperanza, me retiré hacia la salida del bosque dond unos e paseantes me habían advertido de la presencia de una hembra jabalí con varios cachorros el día anterior a las 18 horas.
Pero ni jabalí ni zorro querían mostrar su presencia esta vez.
Por ultima vez me dije que volvería al puesto de observación del zorro. Que no habría zorro por esta vez. Lo que no era tan falso porque a unos 20 metros dos cabezas aparecían y desaparecían de entre las espigas de trigo cortado. Había decido no llevar mi cámara fotográfica por lo que apenas tuve el tiempo de mirar a través de mi binóculo y descubrir dos cachorros de zorro saltar y correr con una gracia y una elegancia increíble, en dirección de la madre, que yo no podía ver a través de los arbustos.
Así como aparecieron, así desaparecieron los zorritos de mi vista. Espero que tendremos la ocasión de vernos en los próximos días.
Me dice esta experiencia vivida que al parecer los zorros son puntuales en sus desplazamientos, fieles a su territorio cuando encuentran allí que comer, y por otra parte que tendré que tener mas cuidado con mi posición respecto de la dirección del viento, ya que esta vez el escaso viento llevaba presumiblemente mi olor hacia la zorra y esta me evitó, la muy zorra.























